ACUERDO CON EE.UU.: MILEI Y LA LETRA CHICA

La tensión política crece día a día alrededor del acuerdo bilateral que el Gobierno argentino negocia en silencio con Estados Unidos.

Aunque desde la Casa Rosada aseguran que se trata de un entendimiento “estratégico” destinado a profundizar la cooperación económica y de seguridad entre ambos países, lo cierto es que los detalles del pacto permanecen bajo estricta reserva, generando inquietud en todo el arco político. En las últimas horas, gobernadores y legisladores de distintos espacios comenzaron a elevar la voz para reclamar acceso al texto completo.

Argumentan que cualquier convenio de impacto estructural, especialmente si involucra compromisos financieros, regulaciones sensibles o eventuales obligaciones futuras para la Argentina, debe ser sometido al control del Congreso. El pedido se multiplicó tanto entre opositores como entre dirigentes que, sin ser oficialistas, suelen acompañar algunas iniciativas del Ejecutivo, lo que refleja la magnitud de las dudas que genera el acuerdo.

Mientras la presión crece, en la Casa Rosada la respuesta sigue siendo el silencio. Según señalan fuentes políticas, solo Javier Milei y un grupo muy reducido de funcionarios manejan la letra chica del pacto. Incluso dentro del propio Gobierno hay desconcierto: varios ministerios admiten no tener información precisa sobre el alcance real del entendimiento, lo que alimenta especulaciones sobre posibles capítulos vinculados a defensa, intercambio de datos, inversiones estratégicas y compromisos regulatorios que aún no fueron informados públicamente.

En paralelo, el Poder Ejecutivo avanza con el Presupuesto 2026 y con un nuevo paquete de reformas que apuntan a reordenar el gasto, atraer inversiones y dinamizar sectores estratégicos. Aunque no hay confirmación oficial, algunos legisladores sospechan que estas iniciativas están estrechamente ligadas al contenido del acuerdo con Washington, lo que explica la urgencia del Gobierno por cerrarlo sin filtraciones.

En un contexto de incertidumbre económica y tensiones institucionales, la posibilidad de que el pacto impacte en áreas clave —como energía, minería, seguridad, tecnología y comercio exterior— genera expectativas, pero también preocupación. Para muchos actores políticos y económicos, la falta de información pública es el principal problema: temen que se avance en un entendimiento que pueda modificar reglas de juego internas sin un debate abierto.

Mientras tanto, el clima político se enciende. Gobernadores, legisladores y sectores del empresariado esperan señales concretas, convencidos de que el futuro del acuerdo —y su eventual tratamiento en el Congreso— dependerá de si el Gobierno decide finalmente revelar qué contiene ese documento que hoy solo conoce el círculo más estrecho del presidente. Hasta entonces, la discusión seguirá dominada por el hermetismo, las versiones cruzadas y la creciente incertidumbre sobre qué implica realmente el pacto con Estados Unidos para la Argentina.